jueves, 12 de enero de 2017

Reto de enero. Diablo Guardián.

Bueno, pues nada. Les cuento que el libro escogido para enero lleva por título "Diablo Guardián", del escritor mexicano Xavier Velasco, novela que ganó en el año 2003 el premio Alfaragua de novela. Así que ahí vamos con la lectura, activando esas zonas neuronales que se han visto un poco afectadas, no tanto por lo excesos de las fiestas, sino, quizás principalmente, por las tonterías que se le da por pensar a uno en estas épocas de cambio de año. 
Pero bueno, lo realmente importante y sobre lo que quería conversar, es sobre el cómo llegó ese libro a mis manos, o más específicamente a los estantes de la biblioteca de mi guarida. Debo confesar públicamente que cuando viví en Cartagena me volví adicta a la compra de libros de los autores que venían al Hay Festival, ha sido quizás allí en ese evento en donde he conocido un espectro bastante variopinto de escritores de todos los géneros y renombres, muchos de los cuáles nunca había escuchado hasta el momento. 


Así pues, que cuando tomo el libro de Velasco entre mis manos, lo que sucede en mi es un cruce de emociones y sentimientos, de nostalgias y evocaciones, de sentarme, sola generalmente, en una silla del teatro Adolfo Mejía en la Heroica y empezar a fantasear con otros mundos posibles creados a partir de la imaginación de seres desconocidos a los que otros a mi alrededor observan y escuchan admirados por tener frente a sus ojos, en vivo y en directo a los autores de las palabras hechas arte que han sido capaces de mantenerlos despiertos por horas y horas solo por la ansiedad de saber cómo sigue la historia. 

Yo, sentada allí como una niña curiosa, escudriño, escucho atenta y si me engancho con la o el personaje del escenario, corro hacia la librería y espero pacientemente a que el autor me dedique su obra. Si, así es, compro el libro, hago fila, le digo mi nombre y con un poco de pena por no saber hasta ese día que existía, le digo mi nombre y observo ansiosa cómo el susodicho o dicha, plasma con su puño y letra una dedicatoria, que quiero crear ha sido pensada especialmente para mi.

Ustedes dirán que esto es una tontería, pero es que no saben ustedes la sensación maravillosa, ese hormigueo fantástico que me produce todo ese proceso. Pero la cosa se vuelvo peor cuando es un autor que conozco, me siento cual colegiala esperando una nota de amor, o esa niña del salón que mira embobada a su profesor de filosofía. Con Leonardo Padura, Gioconda Belli, Ignacio Ramonet, hasta con el mismo Alfredo Molano, con quien me dio mucha pena porque llevaba digamos que varios libros de el para que me los autografiara, fue un momento casi de éxtasis. Lo recuerdo y es como si hubiese sido ayer y cuando entro a mi apartamento y veo mi colección de libros con la dedicatoria del autor es como revivir esa misma sensación.

Y bueno, hace tres años que no puedo practicar mi ritual en el Hay Festival, la vida pasó y me vine de regreso a Barranquilla. El año pasado intenté volver, armé mi programación, compré las boletas, moría por escuchar a Draco Rosa, pero el día de viajar, se me armó un nudo en la garganta y me invadió la tristeza y la melancolía, no podía siquiera imaginarme sola en esa silla, lo pensaba y era como estar frente a un abismo tenebroso e insondable del que no podría regresar jamás. Le di vueltas una y otra vez en mi cabeza, y al final, perdí las boletas y las ganas de estar allá. 

De esos días y años en la Fantástica me quedan los libros y las historias, como estas que comparto hoy con ustedes.

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