jueves, 29 de diciembre de 2016

¿A dónde pertenezco? o sobre la cuestión del sentirse parte de...


Tanto se ha dicho sobre el cuestionamiento primario del ser humano al percatarse de su propia existencia, que ya hasta banal parece preguntarse sobre el yo. Pero para quienes vivimos casi que en una constante crisis existencial, no solo el quién soy, hacia dónde voy, sino también, el a qué o a dónde pertenezco, se convierten en cuestiones que taladran el cerebro constantemente y evitan el disfrute pleno del presente. 

Justo aquí, ahora, sentada en la tranquilidad de mi guarida, no dejo de indagar sobre mi pertenencia, estará acaso relacionado con mi identidad, con el qué o con quién me identifico... y de una me alejo de esa maraña de hilos cruzados que son lo que soy, y vuelvo y me detengo ante un muro gigante con esa pregunta que apuntala mi sien, ¿a dónde CARAJO pertenezco? ¿por qué en los días malos no me hallo, no me ubico, no me encuentro? Mundo, ciudad, familia, amigos, grupos, trabajo, tantos etceteras más que deberían lograr llenar esa duda, ese algo, ese hueco. Y es que de esa sensación de bienestar, calma y tranquilidad que da la pertenencia absoluta a un núcleo familiar, se pasa a la tortura de indagar en solitario a qué voy a pertenecer si casi que me rehuso a formar mi propia familia. Y ahí entiendo el afán de muchos por procrear y casarse, y formar un sitio en donde ser, en donde sentirse parte de. 

Ese es el gran dilema, SENTIRSE PARTE DE. Y es que justo en este momento yo no me siento parte de nada, estoy en tantos lugares, en tantos espacios para compartir, pero ninguno en realmente mío, siento que en cualquier momento se esfumarán y yo quedaré volando no como una pluma cayendo lentamente, sino como un bloque de concreto en picada y duro contra el mundo. 

Si la soledad no me taladrara tan duro la existencia, seguiría por ahí sin pertenecer a nada, sola - solo - siendo en solitario, no en manada, no en gueto, no en pandilla, no en comunidad, no en pareja, sola. 


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