miércoles, 1 de enero de 2014

Texto para no perder el amor

Todos los que me conocen saben que durante un año y varios meses mi corazón palpita con mayor velocidad por una sola persona, es una locura lo sé, experimentar esa sensación de plenitud, de éxtasis total al compartir sonrisas, silencios, miradas, en fin, pequeños y grandes detalles que hace que te den ganas de salir volando por saber que quieres compartir con ese alguien toda tu vida. 

Muchas veces me han preguntado por qué lo amo, así que lo escribí en un texto en donde hacía público cada cosa que me hacía amarlo, por lo que era, por sus defectos y sus muchas cualidades. Admiración, respeto, confianza, tantos aspectos que hicieron que día a día la relación se sobrepusiera a los cuantiosos obstáculos que la vida nos deparaba. Piedras que aparecían por doquier que me inquietaban por no entender el por qué si había tanto amor y tantas ganas de estar juntos, tenían que aparecer justo en nuestro camino. 

El 2013 fue un año duro, terriblemente duro, pero también extraordinariamente hermoso, de un momento a otro pasábamos de la felicidad extrema a la desdicha total, de ello aprendimos paso a paso, y continuamos construyendo bases cada vez más fuertes, superando todo lo que otros o nosotros mismos convertíamos en murallas que derrumbar. Por un momento llegué a pensar que incluso nuestro amor era invencible, que este amor revolucionario, nacido de antaño y que siempre había permanecido intacto, era una llama ardiente que nada, ni nadie podía apagar. 

Sucedió incluso lo que nunca habíamos experimentado, nuestras familias se convirtieron en la familia del otro también, mis padres y sus padres compartieron sonrisas y brindaron también por nuestro amor. Sobrepasamos los miedos, las desconfianzas y durante unos momentos todo fue victoria. Sonreímos, nos abrazamos, juramos una y otra vez amarnos para siempre, utilizando las palabras de quienes se amaron incluso hasta la misma muerte. 

A pesar de todo esto que hoy escribo y sabiendo aún que mi amor sigue intacto, hay un solo obstáculo que no hemos podido superar, y tanto me duele pensar que nunca más volveremos a ser felices juntos que quisiera no tener más lágrimas para derramar, que quisiera que mi corazón dejara de latir y mi cerebro de pensar para no lastimarnos más. 

Ojalá todos comprendieran lo grande de mi amor, la preocupación de cada fin de semana, o de cada día que cuando siento que lo estoy perdiendo, cuando siento que el me está perdiendo. Maldigo desde esta tribuna a ese gigante obstáculo que día a día envenena los cuerpos, los envuelve en su elixir de  falsa alegría y nubla las posibilidades de transformación. 

Hoy solo le pido a la vida que me devuelva a mi amor, que le de las agallas y la voluntad suficiente para regresar, para superar sus propios obstáculos y la fuerza suficiente para continuar por la senda revolucionaria del amor, de este amor inmenso que nos hemos profesado.

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