miércoles, 17 de julio de 2013

Mi proclama

Yo la que había jurado vencer, me doy por vencida. Hoy, miércoles 17 de julio depongo mi armadura, bajo mi espada, y abandono la batalla.

Elimino mi vanguardia y mi retaguardia, dejo libre el fuerte para que sea embestido por la soledad. No, esto no es un acto de cobardía, por el contrario, creo que es lo más valiente que he hecho en mucho tiempo. Decirles, frente a frente, cara a cara, que no pude hacer nada más, que hasta aquí llegó mi papel de estratega, que dejaré que otros decidan el destino de esta legión. 

Los caminos, esos que hemos recorrido juntos en innumerables revueltas, quedan hoy despejados para ustedes. Bajo la mirada satisfecha de mis enemigos, esos que coreaban cantos de derrota, agacho la cabeza y les doy la victoria. Y mientras  me alejo, camino sobre cenizas, sobre los cadáveres de quienes lo dieron todo y siento la mirada aguda de los buitres esperando también mi defunción. 

La guerra ha dejado nuevamente en ruinas la ciudad, no pude defenderla, no pude edificar un baluarte para contrarrestar los ataques, nadie vino a socorrernos, nadie vino a salvarnos. Me quedé sola luchando contra todos, contra viento y marea. Un capitán sin tripulación, un general sin ejército. Así estoy yo. No se escribirán odas en mi nombre, no se construirán Panteones para mis restos, ni se edificarán arcos que contengan los nombres de mis combatientes.

Adiós, que la vida ponga en su camino un líder más fuerte, alguien con las agallas suficientes para pelear.

Esta fue mi última batalla. 

1 comentario:

  1. Siempre que quede alguien dispuesto a levantar la bandera de la justicia y la libertad habrá esperanza, siempre que quede un soldado revolucionario dispuesto a contar la historia de su derrota, vendrán más y más dispuestos a arrebatarle la bandera que ha sostenido en silencio y lejanía para ondearla con fuerza y vigor suficientes para llevarla a la cumbre de la vida, donde los oprimidos puedan verla y exclamar que ese triunfo que aparecía en sueños, fue forjado sobre los escombros y la sangre de quienes lo dieron todo para que el germen de la revolución fecundase en nuevas almas libertarias.

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