martes, 2 de abril de 2013

Esta mañana reflexionaba sobre aquellos que se hacen llamar revolucionarios en mi cuenta de twitter, y decía, que son dignos representantes de la sociedad patriarcal y deshumanizada en la que vivimos.

Hablan y hablan de transformación social pero son un claro ejemplo de injusticia, falta de solidaridad y de amor hacia el otro. Viendo este documental el asunto queda en evidencia. Tal como lo expresa una de las mujeres que entrevistan, y que acá parafraseo, somos un país, una sociedad de adolescentes, que no sabemos qué pensar de la mujer poderosa que tenemos en frente y terminamos fijándonos, tanto hombre como mujeres, que es lo más irónico, en su forma de vestir o en su aspecto físico, por encima de las cosas que dice o lo que piensa.

Si realmente queremos transformar el mundo en el que vivimos, no basta con creernos marxistas-leninistas o maoistas o cualquier otro ista que esté circulando, lo fundamental es comprender que los seres humanos somos diversos, y que es a partir del respeto por la diferencia, del humanismo y el amor, que esta sociedad violenta, destrozada y abigarrada puede cambiar.