jueves, 31 de octubre de 2013

La Llorona de Villa Santos.

Y una vez fui niña y corría libre por las calles, disfrazada con todos mis amiguitos, contándonos historias de casas embrujadas a las que se debía llegar rezando el padre nuestro sino en vez de salir una mujer a darnos dulce, salía una bruja. No recuerdo exactamente de qué me disfrazaba, seguramente inventaba cualquier cosa descabellada diferente a las demás niñas, no tengo fotos siendo princesa o bailarina, ni hada madrina, pero no importaba porque era feliz cantando el estribillo de "Trique trique Halloween" sin pensar en ritos paganos, ni demonios o costumbres y tradiciones, solo era una niña divirtiéndome. (Ahora bien, creo que la mayoría de los atuendos que escogía eran bastante pintorescos, a veces pienso que siempre estaba disfrazada)

Sino, miren la alegría de mi rostro con este particular atuendo, con un toque bastante "arlequinesco" diría yo, estábamos en la playa, y yo con mi bastón de arlequín en mano me sentía en un castillo. Insisto, no pongan atención en el gesto de felicidad de mi rostro, en la mayoría de las fotos de esa edad suelo salir con esa sonrisa interior. Deduzco yo que era por el corte tan hermoso que lucía, pero que digamos… hmmmm no iba bien con mi personalidad.

Hoy, a mis 30 años de edad, estaba esperando ansiosa este día, compré una película de terror, me puse lo más parecido a un disfraz que tenía, compré los dulces con mi mamá y esperé y esperé a que los niños y niñas llegara a la puerta de mi casa a cantar y pedir dulces. Las tazas en las que había puestos los dulces quedaron intactas, dije, se lo dije a mi mamá lo que faltaba era un "anzuelo" había que decorar la casa para que vinieran y supieran que aquí todavía creíamos en la niñez, que teníamos espíritu de niños dentro de nuestros corazones adustos y con cicatrices. 

Me senté en la puerta de mi casa, detrás de una reja, la calle estaba deshabitada, abrí y miré hacia todos los lados y ahí me percaté de lo que pasaba, regresé rápidamente, miré la nota que estaban pasando sobre el "Día de las Brujas" en Canal Caracol y eso me lo corroboró. Todos los niños y sus padres, hermosos, en familia, disfrazados, allí se estaba viendo lo que pasaba en mi niñez y a decir verdad en mi juventud en las calles de los barrios donde he vivido. Lo que allí se veía eran pasillos iluminados, almacenes con decoraciones y unos padres felices por saber que a su derecha y a su izquierda en las entradas estaba un guardia de seguridad que con un aparato (que nunca he sabido qué hace) revisaban que todo estuviera "seguro", una vez termina la nota, la presentadora dice... pásenla muy bien esta noche, pero papis, ojo con sus niños.

Eso me partió el corazón y me quitó mis sueños y mis deseos de volver a ser niña otra vez. Me senté nuevamente afuera de mi casa, derrotada, no supe que hacer sino soltar a llorar desconsoladamente, tal como lo hago ahora mientras escribo estas palabras. Con razón nadie vino, no piensen mal, no estoy hablando solo del tema del consumo, no se ustedes, pero yo prefiero comprar los dulces antes de hacerlos "home made" en mi horno como a la usanza, o quien va a decir que no venden unos disfraces hermosos. Aquí la cuestión es a otro precio, estamos presos.

Mi casa tiene una reja con candado y tres seguros y una puerta como con cuatro seguros más, y lo que vi afuera, en la calle cuando miré de lado a lado, fueron fortines de seguridad, rejas tras rejas para protegernos de las amenazas externas y dormir con tranquilidad. Todas las casas de mi barrio, incluyendo la mía tienen cercas bien sea con púas o con electricidad, en otras hay perros guardianes que ladran al primer paso que des, nuestros niños, sobrinos, los hijos de mis amigos y amigas, han perdido la calle. Nosotros hemos perdido la calle para ellos. 

Esta guerra, este conflicto armado que nos aqueja desde hace tantos años, no solo transcurre en el monte, pasa aquí directamente en nuestras narices. Nos hemos creído la doctrina del enemigo interno que practican las fuerzas militares y que pregonan por todos los medios que pueden, los noticieros, las novelas, todos los programas habidos y por haber que pasan en nuestros medios. Así, pensamos que nuestro vecino de al lado puede ser un "traqueto", que el que vive en la casa de en frente "hace negocios raros", y vamos automáticamente etiquetando a quienes nos rodean y no conocemos según nos parezca su actitud, si pasa nuestro filtro, es "amigo de la familia", entonces, solo entonces, removemos los candados y los seguros, para que entre a nuestra casa. 

Este es un grito para todos y todas aquellas que se sienten como yo, ojalá podamos hacer algo para recuperar nuestra ciudad, para recuperar nuestras calles y volver a salir libres, sin miedo, queda para una investigación saber que tanto de la inseguridad que vemos es propaganda y por lo tanto percepción, y qué tanto la realidad. Queda abierto el debate.

Mientras tanto, en mi barrio, es probable que después de esta noche yo empiece a ser
conocida en mi barrio como la "llorona de Villa Santos", espero que los gatos, perros y uno que otro humano que pasó por en frente de mi casa no pregone el secreto.

lunes, 9 de septiembre de 2013

Sobre como regresar al mundo. Parte 1.

Barranquilla, 7 de septiembre de 2013.

Tal vez la mejor forma de volver al mundo sea tratándolo de comprender. Por ello decidí adentrarme en otra realidad, la que está plasmada en las páginas con las letras y pensamientos de gigantes que seguramente se han hecho preguntas mucho más elaboradas e interesantes sobre la vida que las que yo me estoy haciendo en este momento.

El primer texto que abordé durante mi encierro me refrescó, o más bien me dio una nueva aproximación al marxismo, de por si bastante ligada al momento por el que me encuentro pasando. Devoré el libro rápidamente, un par de días bastaron para ir de letra en letra y recordar que la vida es compleja, totalmente compleja, y que es precisamente esa complejidad la que hace que las soluciones a las problemáticas del mundo no puedan tener respuestas de una sola arista. 

Por eso no entiendo cuando alguien me dice que no trate de enredar más la vida, que simplifique las cosas y no las enrede más, siento que cuando escucho esas frases o algunas similares, se me clava un aguijón en el pecho y otro en el cerebro al no comprender que no es posible simplificar la vida, que sencillamente no puedo vivir una parte del mundo, sin pensar en qué pasa en la otra parte, sería lo mismo que no vivir, o vivir a medias.

Espero que quien se tope con este libro del que hablo "Introducción a la política del Hombre" de Edgar Morin, la encuentre tan fascinante y reveladora como yo.

L.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Sobre la adquisición de la Autobiografía de Nelson Mandela.

Barranquilla, 8 de septiembre del 2013.

Aunque me siento mejor que en días anteriores, la sensación que me embarga es la misma, la de desolación, siento que he perdido la esperanza y las ganas de vivir aún no llegan del todo a mi. Realmente me desconozco, llevo 30 años conmigo y no se quien soy, no se si lo que he creado es un espejismo para que a la vista de todos pase desapercibido algo que no quiero que vean de mi. 

Todos estos días me he debatido entre si quiero continuar o no. Si la vida para mi terminó o hay algo más para mi. Compré este libro asumiendo que quiero seguir viviendo, que quiero recuperar la esperanza y salir del fango en el que me encuentro. A veces realmente quisiera dejar este horrible mundo en el que la gente se hace daño por cualquier motivo, incluso a quienes aman. Nos terminamos matando unos a otros en guerras sin sentido; por cualquier peso en todas las esquinas alguien muere porque si. 

Y entonces pienso en las personas que han entregado sus vidas para que este mundo cambie y veo que ha sido en vano. Que han matado a tantos hombres y mujeres buenos que como yo solo querían que este mundo fuese diferente, y terminaron dando su vida por lo que soñaban. Pues bien, yo siento que mis sueños se acabaron. Veo a los mismos con las mismas, discutiendo por lo mismo del partido y la juventud, peleando por puestos como si fuera un feudo, mientras el país sigue en las mismas. Atrás quedó la mística, el pensar que un cuadro debía ser el ejemplo del tipo de personas que se necesitan para construir otro mundo, sin dogmas, ni sectarismos.

Pero como explicarle todo esto a un psiquiatra que no sabe lo que es tener la convicción de que vivimos en un mundo horrible que se autodestruye y que yo no puedo hacer como el resto de la gente y sencillamente "vivir mi vida", mientras la gente muere de hambre en las calles. Pensé que había alguien que me podría comprender, pensé que tu podrías hacerlo, pero lo cierto es que no es así. 

Trataré de seguir buscando entre los libros pistas para recuperar las ganas de vivir, de luchar. Para ganarle tiempo a la desesperanza y a la guerra. Ya lo decía Morin, lo que le falta a este mundo es fraternidad, que nos preocupemos más por el otro y menos por nosotros mismos, tal vez un poco de amor pueda salvar al mundo y de paso, salvarme a mi.

L.

miércoles, 17 de julio de 2013

Mi proclama

Yo la que había jurado vencer, me doy por vencida. Hoy, miércoles 17 de julio depongo mi armadura, bajo mi espada, y abandono la batalla.

Elimino mi vanguardia y mi retaguardia, dejo libre el fuerte para que sea embestido por la soledad. No, esto no es un acto de cobardía, por el contrario, creo que es lo más valiente que he hecho en mucho tiempo. Decirles, frente a frente, cara a cara, que no pude hacer nada más, que hasta aquí llegó mi papel de estratega, que dejaré que otros decidan el destino de esta legión. 

Los caminos, esos que hemos recorrido juntos en innumerables revueltas, quedan hoy despejados para ustedes. Bajo la mirada satisfecha de mis enemigos, esos que coreaban cantos de derrota, agacho la cabeza y les doy la victoria. Y mientras  me alejo, camino sobre cenizas, sobre los cadáveres de quienes lo dieron todo y siento la mirada aguda de los buitres esperando también mi defunción. 

La guerra ha dejado nuevamente en ruinas la ciudad, no pude defenderla, no pude edificar un baluarte para contrarrestar los ataques, nadie vino a socorrernos, nadie vino a salvarnos. Me quedé sola luchando contra todos, contra viento y marea. Un capitán sin tripulación, un general sin ejército. Así estoy yo. No se escribirán odas en mi nombre, no se construirán Panteones para mis restos, ni se edificarán arcos que contengan los nombres de mis combatientes.

Adiós, que la vida ponga en su camino un líder más fuerte, alguien con las agallas suficientes para pelear.

Esta fue mi última batalla. 

martes, 2 de abril de 2013

Esta mañana reflexionaba sobre aquellos que se hacen llamar revolucionarios en mi cuenta de twitter, y decía, que son dignos representantes de la sociedad patriarcal y deshumanizada en la que vivimos.

Hablan y hablan de transformación social pero son un claro ejemplo de injusticia, falta de solidaridad y de amor hacia el otro. Viendo este documental el asunto queda en evidencia. Tal como lo expresa una de las mujeres que entrevistan, y que acá parafraseo, somos un país, una sociedad de adolescentes, que no sabemos qué pensar de la mujer poderosa que tenemos en frente y terminamos fijándonos, tanto hombre como mujeres, que es lo más irónico, en su forma de vestir o en su aspecto físico, por encima de las cosas que dice o lo que piensa.

Si realmente queremos transformar el mundo en el que vivimos, no basta con creernos marxistas-leninistas o maoistas o cualquier otro ista que esté circulando, lo fundamental es comprender que los seres humanos somos diversos, y que es a partir del respeto por la diferencia, del humanismo y el amor, que esta sociedad violenta, destrozada y abigarrada puede cambiar.