lunes, 1 de octubre de 2012

Escrito para no dejarse vencer


Solamente Lilith.

Durante algunos días ya, quizás algunos meses contando con los fallos constantes de mi memoria, atacaban mis horas preguntas constantes que como dardos afilados y envenenados carcomían las, en exceso, tranquilas jornadas laborales que pasaban tediosamente, sin afán alguno, sobre mí.

La ansiedad militante, el corazón enardecido por el grito de “a la carga” en alguna manifestación callejera se escuchaba distante, opacado por el zumbido del aire acondicionado de esta oficina que, como yo, se resiste a prescindir de las ganas de luchar, de caminar hombro a hombro, hombre a hombre, mujer a mujer, sabiendo plenamente que la transformación de la sociedad se da allí en donde la gente “grita, canta y rabia como pueblo” por un futuro mejor, distinto, más hermoso y menos desigual.

Ella, mi oficina, se resistió a caer bajo el manto del tedio administrativo adornada de un cuadro de los Beatles que le recuerdan que la música salva, y que cantan en días lluviosos para alegrar la jornada; unos cuantos posters que hablan/gritan la consigna “agitar, educar, organizar”, una estampita del Che, un reloj que nunca ha dado la hora, una que otra flor marchita, una máscara de la muerte, esa comadrita a quien los mexicanos festejan los primero de noviembre, y que me recuerda que pa` morirse solo falta estar vivo;  adornada está también con rastros del Carnaval de mi Barranquilla, de La Arenosa, esa ciudad que sigue siendo mía porque mi sombra, esa otra yo más libre y menos testaturada la habita y por supuesto, ataviada mi oficina está de mi soledad.

Esa soledad que celosa e impaciente me sigue por doquier, y que se multiplica en vocecitas incitantes, excitantes, inexistentes, innegables y un poco dominantes, Violeta y Lilith reaparecen y empiezan a hacer de las suyas, sus recuerdos se apuntalan en el hipotálamo y comienzan a hacer de las suyas con mis miedos y anhelos.

Mi(s) soledad(es) se confabula(n) con el pitufo que vigila mi computador, ese, que con su dedo índice señala cada movimiento de mis manos, cada mirada, cada llamada, cada segundo que transcurre, y que con sus cejas negras y sombrerito blanco me dice: hoy no has hecho nada por la revolución. Justo ahí empieza la retahíla de dimes y diretes entre Frida, el Che y Lennon, para hacerme sentir remordimiento, ahí, justo en ese momento me asaltan los pesares, el “no te salves” de Benedetti carcome mis conexiones nerviosas y colapso.

Desperté al rato y me percaté de que esos seres imaginarios habían logrado su cometido, han irrumpido en la tranquilidad de mi conformismo, en la hermosa pausa sin preocupaciones, en la insoportable levedad de mi vida, nada puede ser igual. Y debo entonces retomar la lectura, y debo igualmente aguzar mis sentidos, abrir ojos, oídos, y sobre todo la boca para explicar, para contar, para gritar, para decir eso que mi cabeza entiende y por ende critica, para decirles a “las gentes” oye tu, ahí, si tu, ese que está sentado cómodamente frente al televisor o frente al computador… despierta.

Sí, tu, mira, hagamos un trato, yo te regalo mis manos, mi voz, mis ganas, mis amores, mi vida si es necesario, solo por la posibilidad de que abras los ojos, de que te quites la venda que los rodea, de que salgas a la calle y digas basta. Te invito a salir conmigo, te invito a caminar de mi mano por estos caminos en donde abunda la ignominia para que observes, para que te duela tanto como a mí, y que ese dolor, sea tan grande, tan fuerte, tan poderoso que lo único en lo que puedas pensar es en cambiar lo que sucede, en que es necesario subvertir el falso orden de las cosas y ponerlo nuevamente sobre sus pies. Oye…te invito a soñar con rojos amaneceres.

Es difícil, lo sé, he estado allí en ese letargo cadencioso que te arrulla, que te adormece y no te deja pensar, pero una vez que lo intentas verás que no estamos solos, que somos miles los que gritamos, que podemos vencer el miedo, que podemos vencer el tiempo, el desgano, el tedio y encuentras sonrisas y encuentras amores y entiendes lo que es la humanidad y que por ella vale la pena arriesgarse a llevarle la contraria a los epitafios que sentencian el silencio, a los mercaderes de tristezas, a los que pintan de gris los arco iris, que vale la pena soñar que otro mundo realmente es posible, pero sobre todo necesario. Recuerda, te lo susurro suave al oído “… no te pienses sin sangre…”, no te quedes sin mí. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario