jueves, 31 de enero de 2008

Por qué no le marcho a la marcha.

Por: Vladimir Florez, Vladdo.

Me parece absurdo caer en la trampa de asumir la marcha convocada para el próximo 4 de febrero como un plebiscito a favor o en contra del gobierno. El hecho de que millones de personas quieran manifestar su repudio hacia las FARC es tan respetable como la decisión de otro buen número de compatriotas de abstenerse de salir a la calle a gritar consignas contra el secuestro o a favor de un acuerdo humanitario.
Aunque una gran mayoría de colombianos rechaza los objetivos y métodos de las FARC, se supone que en una democracia cada cual tiene el legítimo derecho a expresar su inconformismo como mejor le parezca; o a callarlo, sin que deba ser señalado por ello. No obstante y pese a que en el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos se estipula que todo individuo tiene derecho a “no ser molestado a causa de sus opiniones”, algunos periodistas, analistas y dirigentes políticos han estado promoviendo un peligroso juicio maniqueísta para calificar a los colombianos, dependiendo de si apoyan o no la manifestación del lunes.
Así como no se ha juzgado a quienes nunca salieron a protestar contra las atrocidades de las AUC, ni los crímenes de la mafia, tampoco se puede convertir esta marcha en un termómetro para medir el grado de colombianidad de nadie. El problema es que con el transcurso de los días, a esta convocatoria cívica le fueron agregando una serie de arandelas con las que no comulgo. A tal punto que la marcha ya no será sólo contra las FARC, sino también contra Chávez y a favor de Uribe; contra el secuestro, pero también en pro del canje humanitario; a favor de la libertad, pero contra el despeje. Estos ingredientes han desfigurado por completo la idea original, cosa que no ocurrió el año pasado con la protesta convocada también contra las FARC para repudiar el asesinato de los diputados del Valle, y a la que asistimos millones de personas en muchas ciudades del país. En ese momento los miembros del gobierno, por mucho que trataron, no pudieron apropiarse políticamente de la movilización, tal como lo están intentando ahora los ministros de Agricultura y del Interior, entre otros funcionarios.
Por todos estos motivos, no pienso asistir a la manifestación de la próxima semana. Una cosa es la comprensible idea de salir a desahogarse contra las FARC y su injustificable proceder, pero otra muy distinta es terminar uno convertido en idiota útil del furibismo. Y aclaro que yo llevo más de 20 años pronunciándome públicamente no sólo contra la barbarie de las FARC, sino también contra las masacres de los paras, las atrocidades de los narcos y la corrupción de los políticos... Así que el tema no es de indiferencia.
© El Nuevo Siglo

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